Thursday, November 07, 2013

UNA CRIATURA MAGNÍFICA RECORRE LAS SOMBRAS BAJO LOS PUENTES DE BROOKLYN

John tenía un síndrome de abstinencia insoportable.
Pero, en su caso, resistirse era inútil, porque de lo que se abstenía era de su propio alimento.
Sabía que atacar en la ciudad era peligroso, muy peligroso.
Si lo descubrían, no solo pondría en peligro su propia existencia, sino la de todo el clan.
Pero o se arriesgaba, o caía inánime en la acera, donde, quizás, unos barrenderos simplemente lo recogerían y su pobre cuerpo acabaría en un vertedero.
Qué triste fin para una criatura tan magnífica como él.
Bajo los puentes de Brooklyn encontraría la víctima propicia.
Tendría todo el cuidado, y aún más.
La encontró enseguida.
Se trataba de un hombre obeso, muy alto, que contaba billetes amparándose en la sombra.
Era perfecto.
Ágil como un gato, se acercó hasta el hombre obeso sin ser notado.
Cuando el tipo quiso darse cuenta, ya dos colmillos estaban clavados en su cuello.
Y John sorbió.
Sorbió con ganas.
Pero enseguida escupió lo sorbido y exclamó:
— ¿Pero qué mierda es esta? ¿Esto no es sangre?
El hombre obeso sonrió estúpidamente y explicó:
— Bueno, no es sangre natural... Es sangre artificial. Llevo siete litros en el cuerpo, ¿sabe usted? Es que, como soy testigo de Jehová, no me podían transfundir sangre. Por eso, mandé fabricar esta sangre sintética, funciona muy bien, ¿sabe usted?
John, pese a todo, había tragado un poco de aquel líquido.
Ya era demasiado tarde, su cabeza empezaba a darle vueltas.
Antes de abandonar la realidad, John pensó que aquella sangre artificial colocaba de lo lindo, mejor que la cocaína...
— ¿Le importa si tomo un poco más de eso? —preguntó al hombre obeso—. Ya es solo por vicio... 


Frantz Ferentz, 2013

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