Saturday, January 11, 2014

BOULEVARD SAINT-MICHEL

Basilio había anhelado desde siempre perderse por París con una bonita mujer que lo hiciese sentirse más joven. A sus 60 años, él creía que aún tenía mucho que ofrecer a cualquier mujer y eso era, precisamente, lo que estaba haciendo en aquellos días en París, él, un reconocido novelista de Madrid, que tenía que ganarse, no obstante, el pan como representante de una entidad financiera. 
Lo cierto es que le había costado bastante conseguir que su jefe lo mandase a París para una operación financiera, alargando la estancia con tres días extras, y al mismo tiempo engañando a su esposa con que donde realmente había ido era a Barcelona. Pero con su esposa, bien lo sabía él, no se podía ir más allá de Valladolid, era una arpía miserable que solo intentaba tenerlo amarrado y bien amarrado como un silencioso cajero automático que satisfacía todos sus caprichos económicos, que no sexuales, porque aquella bruja seguramente ya se había convertido en un ser asexual. Su Matilde era su karma, lo sabía él, pero desde que había conocido a Franca, treinta y cinco años más joven, su vida había vuelto a cobrar sentido y hasta se sentía más fértil desde el punto de vista literario. Quizás hasta se animase a escribirle unos poemas de amor...
— Basilio, ¿no es esta una de tus novelas?
Se habían detenido en el Boulevard de Saint-Michel entre tantas y tantas librerías que había en aquella calle, cerca del Boulevard de Saint-Germain, en el distrito 6. Había libros por tan solo 20 céntimos, usados. Y fue ahí donde Franca se percató de que uno de los títulos de su amante estaba en francés allí, su Silencio en el barrio maldito sonaba en francés Silence au quartier maudit. No había que ser un genio para entender el título, máxime cuando su nombre allá figuraba.
Sin embargo, su sorpresa fue que, rebuscando en el montón de libros a 2 euros, salieron aún tres novelas suyas más. ¡Y él no sabía nada de aquello! ¿Cómo era posible? 
— ¿Matilde López Leclerc no es tu mujer? —preguntó Franca.
Claro que era su mujer.
— ¿Por qué lo preguntas?
— Porque figura aquí como traductora...
En la cabeza de Basilio todo comenzó a cobrar sentido. Su mujer, Matilde, era hija de madre francesa, por tanto, bilingüe, su familia materna procedía de Marsella. Por su cuenta, ella había gestionado la edición de los textos de su marido a su sombra, probablemente había falsificado su firma, y había conseguido ganarse un dinero con los derechos de autor que se había guardado para ella. ¿Con cuántos libros suyos habría hecho eso?
— Deberías pedirle explicaciones a tu mujer —opinó Franca.
Basilio no respondió. Para enterarse de que sus obras estaban publicadas en Francia, él tendría que estar en Francia, cuando en teoría estaba en Barcelona. Para descubrir la jugada de la mujer, tendría que descubrir su propia jugada, que estaba en París con su querida.
— ¿Has probado los macarrones? —preguntó Basilio intentando cambiar de tema.
— Muchas veces, sobre todo a la carbonara.
— Me refiero a esos dulces redondos que aquí llaman macarrones...
— Ah, no, esos no... 
— Pues vamos a probarlos al otro lado del Sena... —dijo él ya caminando, con una copia de una de sus novelas en francés escondida en el abrigo, contento de habérsela llevado sin pagar los dos euros que costaba.

Frantz Ferentz, 2014

2 comments:

Bee Borjas said...

Me ha gustado la trama, Xavier. La has trazado con buen ritmo y se puede percibir el desdoblamiento en la vida de Basilio con total claridad. Esas dobles vidas tan traicioneras... Está demás decirte que el giro final es MUY bueno.
Abrazo enorme.

Xavier Frias Conde said...

Gracias, Bee. Un fuerte abrazo