Tuesday, January 07, 2014

LE PONT DES ARTS

Le Pont des Arts, París. A Maruška le encantó aquel puente en cuanto ella y Jan empezaron a atravesarlo. Ella enseguida se fijó en los candados que formaban una auténtica pared en el enrejado del puente. Era parte de la tradición: los enamorados grababan sus iniciales en ellos y los cerraban en el enrejado. Había millares de ellos por todo el puente e incluso había algún vendedor ambulante de candados allí mismo.
 Pongamos el nuestro —pidió Maruška—. Nuestro amor será así perpetuo.
El vendedor ambulante les clavó 15 euros por el candado y el grabado de sus iniciales con tinta indeleble, según él. Lo malo era encontrar un hueco donde poner el candado. Maldita la gana que tenía Jan de poner el candado, pero Maruška no estaba dispuesta a cejar en su empeño. En la entrada al puente, todavía sobre la orilla, había hueco. Empezó a llover. Fue providencial, porque gracias a eso Jan consiguió que lo colocara allí. Después, ya cumplido el ritual, tiraron por la Rue de Seine, empapándose románticamente, que es igual que empaparse vulgarmente, solo que finges que no lo notas.
Tan solo cinco días después, justo al regresar, sin previo aviso, sin motivo aparente, Maruška dijo a Jan que lo abandonaba.
— ¿Por qué? —preguntó él.
— No lo sé, pero ya no te amo —fueron las palabras de ella.
Por un instante Jan pensó que tal vez aquello del candado tenía algún poder sobre ellos. No se contuvo las ganas y voló solo a París. Volvió al Pont des Arts. Buscó el candado. Quizás de vez en cuando quitaban algunos y eso hacía que se rompieran parejas. Quizás. Encontró el suyo, el de Maruška y de él. Seguía allí. Lo cogió en la mano, sopesándolo. No entendía nada. 
Entonces uno de los vendedores ambulantes, probablemente un senegalés, se le acercó y le dijo:
— Ton cadenas ne fonctionne plus [=tu candado ya no funciona]

Efectivamente. La tinta indeleble, no era tal. Las iniciales de Maruška se habían desdibujado, habían pasado de MB a MP.

Jan se volvió a casa apesadumbrado. Maldita la hora en que había vinculado su amor a un candado. Maruška se había ido para siempre de su vida. Pero, la vida es impredecible, por eso, al poco tiempo se le declaraba Milena, compañera de trabajo y conocida de Jan desde hacía tantos y tantos años. Jan no pudo resistirse, estaba demasiado solo y Milena estaba dispuesta a consolarlo en su dolor. Cuánta casualidad que Milena estuviera allí en el momento justo. Por si acaso, Jan pensó que nunca llevaría a Milena a París.
Pero se equivocaba. Milena había estado en París tan solo dos días antes, durante el fin de semana, y le había bastado borrar un trozo de una B para transformarla en una P en un candado del Pont des Arts, para así cambiar el destino de un amor. Cuán astuta había sido aquella Milena Perniková, pero qué difícil era mantener a todas las mujeres de la oficina que tenían sus mismas iniciales MP a raya, lejos de su hombre.
Frantz Ferentz, 2014


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