Saturday, January 11, 2014

TOUR EIFFEL

El sueño de toda su vida había sido subir al alto de la Torre Eiffel y por fin iba a conseguirlo. A sus 66 años, justo siete meses después de jubilarse, Filippo había ahorrado lo suficiente como para permitirse una semana en París. Y lo primero que hizo fue acercarse al Champ de Mars en metro. Tuvo mucho cuidado de no pasarse de estación en el metro, aquella Bir Hakeim de sospechosa apariencia arábiga. Corrió casi como un chaval por el borde del Sena, a lo largo del Quai Branly, en dirección a la torre, dando codazos a todos los que se le interponían por el camino, evitando a jóvenes negros que intentaban venderle réplicas en miniatura de la torre.
Hasta que alcanzó la explanada. Se la quedó mirando unos minutos en silencio desde abajo. Por un momento, creyó que se le rompería el cuello de tanto forzarlo a mirar hacia arriba. Echó a caminar hacia la taquilla del pilar este, al tiempo que el corazón de Filippo aún se aceleraba más porque estaba a punto de cumplir su sueño de toda la vida. Los latidos de su corazón se le salían por la boca. Cerró los ojos y pensó:
Sono l'uomo più felice del mondo...
Volvió a abrir los ojos. Se sentía mejor que nunca. Se sentía ligero como un chaval de quince años. Y entonces se dio cuenta que en la taquilla no se daban cuenta de su presencia. Mejor, así no pagaría. Se dirigió directamente a las escaleras. Él mismo se sorprendió de su agilidad. Subía aquellos tramos de escaleras como un crío, adelantaba a todos, sin excepción. Llegó enseguida al primer piso, pero no quiso detenerse demasiado allí, quería seguir hasta el segundo. Aún así, las vistas desde allí eran sorprendentes, se observaba París en la distancia. Siempre había querido verlo así. 
Decidió proseguir hacia el segundo piso. Se dirigió hacia las escaleras, nuevamente con una agilidad pasmosa, parecía que ni siquiera sentía los escalones a sus pies a causa de aquella emoción almacenada durante toda una vida. Y ya estaba a punto de alcanzar el segundo piso, cuando sintió algo muy extraño. Duró décimas de segundo, en las cuales entendió que nunca llegaría a aquel segundo piso, de modo que su sueño no iba a ser completo.
Y de repente se vio tumbado en el suelo al pie de la torre, allí donde había sentido su corazón saltarle locamente.
Monsieur, ça va mieux? Combien de doigts est-ce que vous voyez ici? —un médico lo atendía en el suelo. Alrededor un corrillo de gente lo contemplaba curiosa—. Vous avez eu un infarctus, monsieur, et on a dû vous faire une réanimation. Votre coeur s'est fermé pendant des minutes, vous me comprennez?(1) 
Filippo asintió con la cabeza. Entonces comprendió que había subido a la torre con el alma, mientras el cuerpo se le había quedado abajo. Por eso, le hizo un gesto al médico que lo atendía y le susurró:
S'il vous plaît, arrêtez-moi le coeur encore deux ou trois minutes... Il ne me reste presque rien pour arriver au deuxième étage de la tour. Puis, faites ce que vous voulez... (2) 

Frantz Ferentz, 2014
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(1) Caballero, ¿está mejor? ¿Cuántos dedos ve aquí? Ha tenido un infarto, caballero, y hemos tenido que hacerle una reanimación. Se le ha parado el corazón unos minutos, ¿me entiende?
(2) Por favor, vuelva a pararme aún el corazón dos o tres minutos... No me queda casi nada para llegar al segundo piso de la torre. Luego, haga lo que quiera...


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