Monday, November 17, 2014

CUANDO SE ESCUCHARON LAS PLEGARIAS


Como todos los días, la buena alcaldesa acudió a misa de ocho. Como todos los días, tras la misa, la buena alcaldesa se arrodilló ante la virgen y oró. Como todos los días, la buena alcaldesa pidió a la virgen:
— Virgencita, virgencita, arregla todos los problemas de este pueblo, porque en tus manos nos ponemos.
Todos los días, desde que había sido elegida alcaldesa más de tres años atrás, la regidora oraba a la virgen, porque solo en ella confiaba.
Finalmente, la buena virgen oyó sus pías plegarias y se bajó del altar. La buena alcaldesa se quedó sin palabras ante aquello que consideraba un milagro. Pero no hizo falta que dijese nada, pues la virgen le explicó:
— Mira, querida hija, ya no lo aguanto más, así que, tú te quedas en el altar en mi lugar y yo me presento a las próximas elecciones como alcaldesa...


Frantz Ferentz, 2014

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