Sunday, December 28, 2014

EL MISTERIO DE LA CERA EN LAS OREJAS

Todos creían que aquello que a Rami le salía por las orejas era cera. Pensaban que no era normal que aquel hombre soltase tanta cera por las orejas, como si fuera la cloaca de una colmena, aunque se tratase de una cera que caía en partículas. Y él, Rami, reía estúpidamente cada vez que alguien hacía una broma acerca de sus oídos y la cera que desprendían. Hasta que un día llegó a cansarse. No sonrió más. Y como era estúpido desde su nacimiento, Rami decidió taponarse los oídos. A partir de entonces, no le volvió a salir más cera. 
Y sucedió el milagro. Rami se volvió más inteligente, inteligentísimo. La detención del flujo de cera vino acompañada del aumento de su inteligencia. Fue el proprio Rami, ya buen analista de la realidad, quien asoció ambos fenómenos: lo que se le escapaba por las orejas no era en realidad cera, sino ideas, ideas que huían de su cerebro en cuanto tenían ocasión, ideas que, tal vez, querían conocer mundo y no ser gastadas. Desde el momento en que hubo cesado el flujo de ideas hacia el exterior, estas se quedaron en su cerebro y su neuronas se activaron. Pero fue una lástima que tanta inteligencia se combinase con una total sordera. Por eso, no oyó el claxon de aquel tráiler que se le echaba encima cuando cruzaba una calle sin antes haber mirado para ambos lados.


Frantz Ferentz, 2014

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