Sunday, February 28, 2016

EL PRESENTADOR DE LIBROS



El joven autor agradeció al viejo autor la presentación de su libro:
— Señor Gilmore, gracias por la espléndida presentación de mi libro que acaba de hacer. Me maravilla cómo ha sabido captar su esencia. Me alegro de que le haya gustado la novela.
— De nada, muchacho —respondió Gilmore encendiéndose un cigarro en la puerta del bar ya saliendo del local de la presentación—. En cuanto a tu novela, ya te diré si me gusta o no cuando me la haya leído…

© Frantz Ferentz, 2016

Saturday, February 20, 2016

EL DESEO



En cuanto el genio salió de la lámpara, Armán quiso pedirle tres deseos:
— Solo uno —le corrigió el genio.
— ¿Por qué?
— Porque estamos en crisis, también los genios.
— Está bien. Verás, como lo que más me gusta en esta vida es el fútbol, daría mi vida por poder estar siempre viéndolo en primera fila, mejor que nadie, sin pagar, sentir las emociones del deporte en mis propias carnes. ¿Me consigues un carné de socio de…?
Pero el genio no dejo acabar a Armán formular su deseo. Antes de que el hombre se diera cuenta, este ya era un balón de fútbol en un estadio cualquiera y acababan de pitar el inicio del partido. 
Y es que el genio odiaba el fútbol con toda su alma.

Frantz Ferentz, 2016

Friday, February 19, 2016

OTRA VEZ UN PRÍNCIPE AZUL



Ella se enjugó las lágrimas ante el espejo y se colocó la corona que tenía a su lado de cartulina y papel charol amarillo.
— Soy una princesa —le dijo a su imagen—. Pero no necesito ningún príncipe azul.
Toda decidida, salió a la calle, con la corona en la cabeza. Fuera ya era de noche. Paró el primer taxi que se encontró y dijo al taxista:
— Al centro.
— Donde tú quieras, mi linda, y si quieres, te acompaño, que puedo ser tu príncipe azul...
Ella no lo pudo evitar. Le salió su auténtica naturaleza. Otra vez. Ella aulló y a la vista quedaron dos colmillos a ambos lados de su boca. Luego, la garra de su dedo meñique derecho sesgó limpiamente el cuello del huevón del taxista, que empezó a sangrar y chillar a partes iguales. Ella no tuvo más remedio que bajarse del taxi, se estaba llenando todo de sangre y aquel cretino no paraba de gritar. Ya fuera, se dijo mirándose en el espejo retrovisor del carro:
— Soy una princesa, pero no necesito un príncipe azul. Pero ellos solo quieren que saque a la loba que llevo dentro, solo eso. Soy una princesa, soy una princesa…
Consiguió tranquilizarse y hacer desaparecer sus rasgos de licántropa, se volvió a ajustar la corona de cartulina y papel charol y se fue caminando en dirección al centro de la ciudad, otra vez enjugándose las lágrimas, otra vez odiando a los príncipes azules. ¿Por qué habría tantos?

Frantz Ferentz, 2016

LA MÁS QUE LOABLE LABOR DEL TRADUCTOR



Durante meses estuve recibiendo textos literarios cuya calidad lingüística era nefasta. Aunque echaba pestes sobre cómo escribía aquel cliente, un tal P.D.F., pero lo cierto es que me pagaba muy bien por mis traducciones, pues lo cierto es que mejoraba sustancialmente el texto de origen con mi traducción.
Probablemente podría haber seguido haciendo aquella labor durante años sin saber que realmente estaba lanzando la carrera literaria de P.D.F., quien, con el tiempo, se convirtió en un escritor consagrado. Descubrí por casualidad, en un congreso de traductores literarios, que yo traducía los textos de P.D.F. del español al inglés. Pero mis textos en inglés pasaban luego a una colega, quien, a su vez, los volvía a traducir al español. Aquella colega era, como yo, minuciosa en las traducciones y con un exquisito gusto literario.
De ese modo, P.D.F. se limitaba a entregar al editor los textos que le devolvía mi colega ya retraducidos. Así, con una doble traducción-recreación ES > EN > ES, aquel maldito P.D.F. conseguía un lenguaje literario extraordinario a costa de nosotros, los traductores…
Hasta aquel día en que, ya harto…

Frantz Ferentz, 2016

Sunday, February 14, 2016

¿Y ESO SE PUEDE?

— Abrázame antes de irte, ¿quieres?
— No. Si lo hago, después tendré nostalgias de ese abrazo.
— Pues no me abraces.
— Eso tampoco, porque después me sentiré como un tonto por no haberte abrazado.
— ¿Y qué vas a hacer?
— Parar el tiempo.
— ¿Y eso se puede?
(…)
— ¿Y eso se puede?
(…)
— ¿Y eso se puede?
(…)
— ¿Y eso se puede?
(…)
© Frantz Ferentz, 2016

Friday, February 12, 2016

PREDICAR CON EL EJEMPLO

Resultado de imagen de confessionDurante la homilía, el señor obispo insistió en que era voluntad de Dios que las mujeres prescindiesen de aquello que no necesitaban, es decir, de trabajar fuera y de su independencia, que era lo que Dios les pedía, que fueran sumisas y obedientes a sus maridos, que se ocupasen del hogar con entrega absoluta. ¿Igualdad entre hombres y mujeres? Nunca, eso no era lo que Dios les pedía.

Después de la misa, Amina fue a ver al señor obispo para pedirle consejo. Se coló en la sacristía evitando a los guardaespaldas del eclesiástico y lo alcanzó cuando ya estaba vestido de riguroso negro, salvo por el alzacuello.

— Señor obispo —se atrevió a murmurar Amina, que solo veía por el ojo derecho, porque el izquierdo lo tenía inflamado después de la bofetada de su marido—, ¿cree de verdad en eso de que las mujeres tenemos que prescindir de lo que necesitamos?

El obispo, hombre campechano, sonrió. Pese a que no aceptaba visitas inesperadas, aquella mujer menuda y maltratada no suponía una amenaza. De todos modos, en cuanto acabase, la mandaría echar, no fuera que se corriese la voz de que él era accesible.

— Sí, hija —dijo el eclesiástico alargando la mano para que la mujer le besase el anillo.

— ¿Y eso es aplicable a los hombres también?

Demasiadas preguntas, pero el obispo estaba de buen humor esa mañana.

— Los hombres, también. Así que di a tu esposo que deje de beber porque no lo necesita… Tenemos que corregir a nuestros hermanos, así lo quiere Dios.

Pero antes de que el hombre pudiera reaccionar, la mujer se abalanzó sobre él. Por un instante pensó que querría tener una aventura carnal, pero no. Tan solo unos segundos después, la mujer se separaba de él y abandonaba la sacristía, al tiempo que ella decía:

— Predique con el ejemplo, deshágase de lo que no necesita…

Y entonces, solo entonces, el obispo vio la mancha de sangre en su entrepierna, más bien una hemorragia. En el suelo, inerte, yacía su pene limpiamente cortado con un cúter en un charco de sangre.

Frantz Ferentz, 2016

Wednesday, February 10, 2016

EL DICTADOR



El dictador se atusó su robusto bigote negro que destacaba en su cuerpo de leño inexpresivo. 
— Presidente —le comentó su consejero—, no sé si se da cuenta que ya no es solo un presidente.
— ¿Qué estás insinuando? Mira que te mando ejecutar por contrarrevolucionario.
— Mi presidente, usted ya no es solo un presidente, es un superpresidente.
— ¿Eso es que soy como un superhéroe pero en presidente?
— Más o menos…
El presidente respiró profundamente, tan orgulloso de sí que su cuerpo superinflado de superego iba a hacer estallar su chaqueta militar.

***

El pueblo se levantó con la noticia de que su querido dictador había muerto. Corrían rumores de que se había suicidado, pero solo unos cuantos testigos sabían que el presidente había saltado desde la ventana de su palacio con una capa roja mientras gritaba: «Soy un superpresidente y puedo volaaaaaar!»

Frantz Ferentz, 2016

Tuesday, February 09, 2016

LA MUCHACHA QUE SE ALIMENTABA DE POESÍA

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Florencio Iglesias sonrió después de oír a aquella muchacha decir:
— Yo me alimento de poesía.
Era imposible de creer, pero ella le resultaba tan tierna que decidió ponerla a prueba.
— A ver si es verdad —dijo él—. Toma estos poemas y me dices que te parecen. Nos vemos aquí mañana a esta misma hora, ¿te parece?
Ella aceptó. Recogió la carpeta con poemas sin saber que eran del propio Florencio. 
Al día siguiente Florencio esperaba a la muchacha, pero esta no llegaba. Entonces recibió un mensaje en el celular. Decía:
«Estimado señor: perdone que no acuda a nuestra cita. Ayer por la noche me puse con los poemas que usted me dio y por la mañana amanecí con diarrea. Eran de pésima calidad. Estoy en la cama reposando. Saludos cordiales. K.»

Frantz Ferentz, 2016