Thursday, February 23, 2017

EL APRENDIZ DE SPIDERMAN

Resultado de imagen para caja juegos spidermanBernhard había arrastrado aquel maldito juguete de Spiderman, una caja de juegos, con un álbum de cromos incluido más una careta del superhéroe por medio planeta, desde su Wolfsburg natal hasta Bogotá. El regalo, además de salirle bastante caro, se le comió una tercera parte del equipaje y le impidió llevarse su chaqueta de cuero preferida. 
El regalo de Spiderman era para el hijo de aquella mujer con que se había estado mensajeando durante casi un año por internet, alguien a quien ansiaba conocer. Se había encaprichado de ella y había cedido a sus peticiones de un regalo traído de Europa. Sin embargo, aquel no era el Spiderman-Potato que el niño quería. Simplemente, no lo había. Pero aquel era el juguete más educativo de Spiderman, de hecho era el único juguete educativo de Spiderman.

***

El encuentro con la mujer no fue todo lo afectuoso que él se esperaba. Se había traído al niño a recogerlo al aeropuerto.
— Es que yo sin mi Michael Jackon no voy a ningún lado —le explicó ella.
Michael Jackson resultó ser un salvaje que enervó a Bernhard en cuestión de minutos. Arrebataba el celular a su madre, la obligaba a llevarlo en brazos con cinco años, se sentaba entre los dos asientos del carro, gritaba como si Belcebú lo poseyera, comía con los pies en la mesa, se tiraba por el suelo y hacía el ángel, pero sin nieve, además boca abajo...
Bernhard intentó imaginarse la vida con aquella mujer al lado de tamaña criatura mal criada. Por un instante pensó que no había sido buena idea precipitarse en volar a Colombia para conocerla.
— Dale ya el regalo —dijo ella entre susurros en el parqueadero de un centro comercial del centro de la ciudad.
Bernhard accedió. Sacó el regalo de su mochila. Michael Jackson lo cogió con avidez.
— ¿Cómo se dice? —inquirió la mamá.
— Gracias...
En cuanto el niño hubo desenvuelto el regalo, sin llegar a abrirlo, dijo:
— No me gusta, no lo quiero. Esto no es lo que yo pedí.
Ahí ya Bernhard abandonó los buenos modales y se quedó mirando al niño todo serio, Una voz con marcado acento alemán, muy enojada, le dijo al niño que era un malcriado, un consentido, un pequeño tirano y que no se merecía ni ese ni ningún regalo.
La mamá se asustó ante aquel tono de voz que había dejado a su hijo quieto y en silencio:
— No te consiento que abronques a mi hijo, aunque tengas razón en lo que dices —se explayó ella.
Bernhard se volvió hacia la mujer y le dijo:
— No he sido yo, ha sido el propio juguete. Es un juguete educativo de Spiderman, por eso está realizando su papel, educa a tu hijo, así que le regaña...
Dicho lo cual, Bernhard salió del auto, besó a la mujer en la mejilla, llamó a un taxi y pidió al conductor que lo llevase de vuelta al aeropuerto.

Frantz Ferentz, 2016

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