Monday, November 20, 2017

VIOLETA Y EL KARMA

Resultado de imagen de arpiaVioleta calculó cada uno de sus pasos con toda la frialdad que pudo (y que era mucha). Las venganzas, le decía su abuela muerta, se tienen que hacer siempre en frío. Por eso, ella había esperado tantos meses para su venganza, justo hasta que él regresó por un tiempo al país, aunque solo ella supiera de qué y por qué se vengaba, porque él, después de tantos meses, seguía ignorando el porqué de aquel silencio de ella.
A través de una amiga común, Violeta le hizo llegar una caja embalada. Ya se imaginó la cara de él al abrirla y no encontrar sus objetos personales, aquellos que él, indirectamente, por medio de terceras personas, le había pedido. Visualizó cómo él se percataría de que aquellos objetos personales no estaban (Violeta los había vendido, era parte de su venganza) y, en cambio, estarían todos los libros que él le había regalado, que eran muchos. Casi creyó oír el gemido de él al abrir la caja y encontrarse todos sus libros devueltos, pero no los objetos personales. Sabía que un libro regalado con el corazón que es posteriormente devuelto era una puñalada en ese mismo corazón.
No oyó el gemido desgarrador, pero sí un sonido suave que anunciaba un correo en su celular. Pensó que, pese a su total silencio, él quizá fuese capaz de escribirle y pedirle explicaciones. Ella no lo haría. Con todo, el correo no era de él, en cambio, tenía un remitente extraño: karma@karma.kr.
Violeta no pudo evitar la curiosidad. Lo leyó.
Estimada Violeta:
Supongo que sabes quién soy. Solo quería decirte que tu venganza se ha convertido en una bendición. Verás, los libros que enviaste a quien vos ya sabes, han acabado en las manos de personas que se han alegrado de recibirlos.
Tuyo:
El Karma.
Aquello tenía que ser una broma, una maldita broma, quizá hasta un tipo de venganza de él. Aunque no había visitado su perfil en las redes sociales desde hacía meses, lo visitó. Se creó un perfil falso y vio que el contenido del mensaje era cierto. En uno de los mensajes, él decía:
«Gracias al karma, recuperé mis libros y pude compartirlos con quien realmente quería leerlos».
Aquel comentario enojó profundamente a Violeta. Su venganza se había convertido, efectivamente, en una bendición, en un regalo. Sin pensárselo dos veces, respondió al mensaje del supuesto karma pidiéndole que se explicase.
Apenas unos segundos después, el karma le respondió:
Mi querida niña, 
Para que me entiendas cómo funciono, te lo explicaré en términos sintácticos, porque vos trabajas como profe de lengua: la venganza es una oración activa como "Violeta ha jodido a su amigo", que yo, el karma, transformo en pasiva y te sale: "Violeta ha sido jodida", o mejor aún, en ergativa: ·"Violeta se ha jodido".
Tuyo.
El Karma
© Frantz Ferentz, 2017

CELIA Y SUS POESÍAS O LAS POESÍAS Y SU CELIA


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Celia se desveló en medio de la noche por un dolor abdominal. De repente a su mente volvieron las imágenes de la tarde anterior cuando defendió con vehemencia la base de la amistad para poder escribir poesías, tanto que hasta habló de ello tres horas: sin amistad no hay poesías. Recordó igualmente la cara de incredulidad de aquellos que se las daban de poetas, pero que no entendían un carajo de poesía, aquellos que hablaban de estilo, de técnica, ¡paparruchas!. Ella sí que sabía, ella podría dar lecciones de poesías a toda España. Ella sabía, además, que las poesías era la mejor terapia para el alma y, cómo no, para el cuerpo.
Celia se levantó, tomó un bolígrafo, su cuaderno íntimo y compuso unos versos.

Ah, voces de la antipatria
que profanáis la rojigualda con vuestras palabras. 
¡Canallas!
Las poesías
son mis armas, ¡escuchadlas! 
Malditos seáis separatistas
que os colgáis medallas como butifarras...

Y entonces sí, después de componer aquella patriótica poesía, el cuerpo de Celia se tranquilizó y la mujer menuda puso en práctica su principio de que las poesías son terapéuticas. Entonces ya sí pudo, por fin, ir al baño y hacer de vientre.

© Frantz Ferentz, 2017