Sunday, April 29, 2018

LA TIMIDEZ DEL TRADUCTOR


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— Genaro, como editor debes hacer constar el nombre del traductor del poemario.
Genaro se mordió el labio de abajo. Todo el mundo había escuchado el reproche. No podía negarse a poner el nombre del traductor.
— Es que el traductor no me dijo nada de que aparezca su nombre —arguyó Genaro.
— No digas bobadas. Es de justicia. Pon al menos su dirección electrónica.
Entonces Genaro puso en los créditos del libro:
© Traducción a cargo de:
Nombre: Translate
Apellidos: Google
© Frantz Ferentz, 2018

Saturday, April 28, 2018

EL JUEZ


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El abogado defensor miraba displaciente al juez después de que el segundo absolviese de violación a un violador. No había apreciado signos de violencia en el hecho de que el hombre hubiese violado a la mujer dejándola inconsciente de un golpe en la cabeza. "Ella ni se enteró", arguyó el magistrado todo satisfecho, preparándose para salir de la sala e ir a la misa de las ocho, que todavía llegaba a tiempo.
El abogado aún comentó con su asistente:
— Hay gente que nace en el cuerpo equivocado.
El juez alcanzó a oírlo. Se sentía potente, así que comentó en tono irónico:
— ¿Lo dice por usted, porque se siente una mujer atrapada en un cuerpo de hombre?
A lo cual el abogado respondió:
— No, lo digo por usted, señoría, por su cerebro de simio que se siente atrapado en un cuerpo de hombre...
© Frantz Ferentz, 2018

Tuesday, April 24, 2018

EL PATRIOTA


– Mamá, mira, no sé qué me ha pasado, pero se me ha puesto la piel roja y amarilla...
La madre miró inquieta a su hijo. Era verdad, se le había puesto todo el cuerpo del color de la bandera. Tal vez sería una infección. 
La abuela también se acercó. Miró a su nieto y le dijo en gallego:
– Sabes o que dizia minha nai, a tua bisavoa? Que somos o que comemos.
El joven soltó un bufido. Le fastidiaba sobremanera que la abuela hablase en gallego. Le respondió de malas maneras:
– Mira, vieja, yo no voy comiendo banderas. Soy un patriota, daría mi vida por esta bandera, pero yo no como telas. Es que mira que eres de aldea.
La anciana aún sonrió con tristeza y le dijo:
– Nom entendes um caralho. Somos o que comemos, e tu só te alimentas de ódio.
Dicho lo cual, la abuela se dio la vuelta y fue a ver si los geranios necesitaban agua.

© Frantz Ferentz, 2018

Sunday, April 22, 2018

CONSPIRAR

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– No tengas dudas –me dijo aquel hombre sabio–. El universo conspira a tu favor. Solo confía.
Suspiré. Me fie de él.
Al día siguiente, unos agentes de policía irrumpieron en mi domicilio con una orden de detención. Me llevaron ante el juez de inmediato. Allá estaba también el hombre sabio. Nos acusaron a ambos de cómplices del delito de conspiración. Además, el juez emitió una orden de detención contra "uno al que llaman Universo" por ser el líder de una organización criminal.
España, 2018.
© Frantz Ferentz, 2018

Friday, April 20, 2018

EL HIPOCONDRÍACO

Resultado de imagen de hypocondriacDefinir a Patxi como hipocondríaco es quedarse corto. Cada vez que me topaba con él por el pasillo, casi no tenía tiempo de preguntarle:
– ¿Qué tal Patxi?
Cuando ya él comenzaba:
– ¡Ay, chico, muy mal! ¿Sabes que tuve unos microinfartos en el cerebro que...?
O:
– Pues el médico me ha dicho que no entiende cómo puedo seguir caminando con la pérdida de masa cerebral...
O incluso:
– Oye, casi no lo cuento, ayer me hospitalizaron por un aneurisma...
Yo lo único que veía en Patxi, además de su calva, era su falta de higiene, pero no sus dolencias que él te contaba con todo detalle a lo largo del pasillo. Nadie se libraba en la oficina de escuchar aquellas hipocondrias. Pero el caso es que él estaba allí todos los días. Trabajar no sé si trabajaba, pero contaba todas las batallas de su salud a todo el que se le ponía a tiro.
Hasta aquel día.
Aquel día me comentaron que Patxi había muerto, que le iban a hacer autopsia, porque los médicos no sabían cuál era la causa de su muerte. 
– Es verdad que había estado tres días sin venir por la oficina –comentaron sobre Patxi–. Pero no era más que un simple catarro...
Sin embargo, aquellas palabras fueron la clave. Ahí entendí cuál había sido la causa de la muerte de Patxi. Era muy simple: él no podía vivir sin compartir su hipocondría. Por eso, no había podido aguantar estar tres días encerrado en su casa contándose a sí mismo sus propios males. Fue demasiado para él. Se había muerto... de aburrimiento.

© Frantz Ferentz, 2018

Thursday, April 19, 2018

LA SABIA PALOMA

A la profe Carolina

Por la ventana abierta entró la paloma. Sin dudarlo, se posó en el único sitio vacío de aquella aula repleta de alumnos haciendo sus exámenes. La profe Carolina iba repartiendo exámenes a todos los presentes. También repartió a la paloma. 
Cuentan que aquel fue de los exámenes más duros de la historia del colegio, sino fue el que más. La paloma tomó sin permiso un lápiz de uno de los alumnos cercanos y, sin dudarlo, fue haciendo una especie de cruces sujetando el lápiz con la pata izquierda mientras guardaba el equilibrio a duras penas solo con la derecha. 
Aparentemente la paloma sabía todas las respuestas, emborronaba uno de cada cuatro cuadritos de aquel examen de respuestas múltiples. Enseguida acabó y alzó el vuelo marchándose por donde había entrado: la ventana abierta del aula.
Así, cuando, una semana más tarde, la profe Carolina fue a dar los resultados de los exámenes, comentó que solo el primer examen que recogió había sido perfecto. Enseguida todos los chicos se dieron cuenta que hablaba de la paloma, cuya presencia aquel día había sido un misterio del que no habían parado de hablar.
– Profe, ¿y la va a poner nota a la paloma? –preguntó un alumno curioso.
– No, Miguelito. No puedo –dijo sin inmutarse la profe Carolina.
– Porque era una paloma, ¿verdad?
– No, Miguelito. Porque entregó el examen sin firmar.

© Frantz Ferentz, 2018

EL VIAJE DEL DINERO

Resultado de imagen de on the phoneYo la escuchaba suspirar al otro lado de la línea. Su voz arrastraba un intenso chantaje sentimental. La conocía hacía años y siempre le había dado dinero cuando lo había necesitado, pero ahora estábamos separados por un océano y yo no tenía ninguna gana de mandarle dinero por una agencia de esas de envío inmediato, por eso me busqué la excusa más tonta que se me vino a la cabeza:
– Pero vos sabes bien que el dinero tiene que viajar en barco hasta tu país y que eso se puede demorar hasta un mes.
Ella se rio ante mi salida y me respondió:
– ¿Por quién me tomas? ¿Por tonta? ¿Semanas dices? Pues que venga en avión y a lo mejor tarda dos días –y luego enseguida volvió a su tono meloso–. Pagá vos el pasaje al dinero, andá...

© Frantz Ferentz, 2018