Friday, April 20, 2018

EL HIPOCONDRÍACO

Resultado de imagen de hypocondriacDefinir a Patxi como hipocondríaco es quedarse corto. Cada vez que me topaba con él por el pasillo, casi no tenía tiempo de preguntarle:
– ¿Qué tal Patxi?
Cuando ya él comenzaba:
– ¡Ay, chico, muy mal! ¿Sabes que tuve unos microinfartos en el cerebro que...?
O:
– Pues el médico me ha dicho que no entiende cómo puedo seguir caminando con la pérdida de masa cerebral...
O incluso:
– Oye, casi no lo cuento, ayer me hospitalizaron por un aneurisma...
Yo lo único que veía en Patxi, además de su calva, era su falta de higiene, pero no sus dolencias que él te contaba con todo detalle a lo largo del pasillo. Nadie se libraba en la oficina de escuchar aquellas hipocondrias. Pero el caso es que él estaba allí todos los días. Trabajar no sé si trabajaba, pero contaba todas las batallas de su salud a todo el que se le ponía a tiro.
Hasta aquel día.
Aquel día me comentaron que Patxi había muerto, que le iban a hacer autopsia, porque los médicos no sabían cuál era la causa de su muerte. 
– Es verdad que había estado tres días sin venir por la oficina –comentaron sobre Patxi–. Pero no era más que un simple catarro...
Sin embargo, aquellas palabras fueron la clave. Ahí entendí cuál había sido la causa de la muerte de Patxi. Era muy simple: él no podía vivir sin compartir su hipocondría. Por eso, no había podido aguantar estar tres días encerrado en su casa contándose a sí mismo sus propios males. Fue demasiado para él. Se había muerto... de aburrimiento.

© Frantz Ferentz, 2018

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